Según el estudio El primer móvil en las familias españolas: edad, normas y condiciones, elaborado por la marca española de tecnología para las familias SPC, el primer dispositivo no llega a casa por capricho del niño, ya que solo el 7,9% de los padres reconoce haberlo entregado por esa razón, sino por motivos de seguridad y localización (49,8%) y de comunicación familiar (47,3%). Los padres lo entregan para cuidar de sus hijos, aunque no siempre saben cómo hacerlo: el 58,1% señala que lo que más tranquilidad les daría es que su hijo entienda los riesgos del entorno digital, y el 44,96% que exista confianza mutua entre padres e hijos.

Para ayudar a las familias en ese proceso, especialmente durante este verano, Laura Cuesta Cano, docente y experta en bienestar digital, ha desarrollado junto a SPC el primer Compromiso Digital Familiar por Edades: una guía para familias con recomendaciones sobre cómo acompañar a sus hijos en su relación con la tecnología en cada etapa.

La propuesta parte de que el compromiso debe ser bidireccional. No se trata únicamente de establecer normas para los menores, sino de alcanzar un acuerdo familiar que todos asuman y firmen, incluidos los adultos. Los padres también deben comprometerse con un uso responsable de la tecnología, adoptando hábitos como evitar el móvil durante las comidas, limitar su propio tiempo de pantalla o prestar atención plena en los momentos compartidos.

Desde los 6 a los 10 años, los primeros pasos

A esta edad, la tecnología se usa de forma ocasional y siempre acompañada. El dispositivo tecnológico debe ser una actividad compartida en familia.

  • Usar el dispositivo con él o ella, no al lado. Enseñarle activamente cómo se usa igual que se le enseña a cruzar la calle. La supervisión a esta edad es parte del aprendizaje.

  • Empezar por usos con un para qué claro. Escuchar música, hacer fotos en las excusiones, consultar un mapa durante las vacaciones en familia, identificar plantas y animales. En definitiva, definir actividades concretas en espacios comunes y con tiempos limitados para que la experiencia sea útil, acompañada y positiva.

Desde los 10 a los 12 años, empiezan a pedir su espacio

La tecnología comienza a ser una herramienta de relación social. Más autonomía puede ser posible, pero la supervisión debe seguir siendo cercana porque, aunque haya más tiempo libre, se deben mantener horarios equilibrados.

  • Antes de dar más margen, analizar dónde está nuestro hijo hoy. Si sabe parar cuando toca, si cuenta lo que hace sin esconderse, si lleva al día sus otras responsabilidades… está preparado para seguir incrementando su uso. Es la madurez, y no la edad, la que marca el ritmo.
  • Videojuegos y vídeo sí, redes sociales todavía no. Incluso aunque sus amigos ya las tengan. Acceder a esos entornos digitales requiere de un criterio que a estas edades aún se está construyendo.

Explicar el porqué de cada límite, no se le imponga sin más. Un niño que entiende la razón detrás de una normal es más probable que la interiorice. Uno que solo recibe un “porque yo lo digo” busca la manera de saltársela.

SPC